domingo, 6 de octubre de 2013

Primeras impresiones.

Después del poco tiempo que llevo en Santiago hay poco que pueda decir mas allá de que es una ciudad muy grande. Obvio, como dirían aquí, pero es que es de esas ciudades en las que te sientes invisible, en las que tienes la sensación de que vayas en la dirección que vayas no te vas a salir nunca, en la que mires en la dirección que mires no ves otra cosa que edificios y asfalto.

Hay cinco líneas de metro que me parecen pocas para lo extensa que es la ciudad. De hecho según me han contado, en las horas punta hay tanta gente en el metro que hay que meterse a empujones en los vagones, igual que en esas imágenes que se ven en España del metro de Tokio en las que el personal del metro tiene que empujar a los usuarios para que se puedan cerrar las puertas del tren. Al parecer hay otras dos líneas en construcción que sin duda son necesarias.

Hasta ahora he visto pocas cosas, pero parece una ciudad con cierto aire decadente. Se ven algunos edificios un poco deteriorados, y las calles están un poco sucias y no muy bien pavimentadas. Eso de que Chile es el país más europeo de Suramérica, tal vez sea verdad, porque no conozco ningún otro país de este continente, pero a mi Chile no me parece demasiado europeo. Más bien se me antoja más similar a EEUU, por lo poco que yo conozco de ese país que no va más allá de lo que he podido ver en películas y series de televisión. Las edificaciones, los coches, la mayoría de origen estadounidense y japonés, los horarios, la alimentación, y los productos que encuentras en el supermercado se me resultan más similares a los estadounidenses que a los europeos.

Hace unos días pasé por la plaza de armas, en la que se encuentra la catedral de Santiago, el edificio de correos, y el museo de historia nacional. Sin embargo, lo que más llamó mi atención fue la presencia de predicadores que micrófono en mano tratan de ganarse a los viandantes para su causa. Sin mucho éxito la verdad. Creo que las únicas que escuchaban eran las palomas.

La cordillera de los Andes con sus cumbres aun nevadas está presente permanentemente ya que se ve perfectamente desde la ciudad. Además de para contemplar las montañas, sirve para orientarse en la ciudad, y siempre que te diriges hacia ella sabes que estas yendo al este, o como dicen aquí, al oriente.

También llama la atención la presencia de muchos perros abandonados en la ciudad, que son alimentados esporádicamente por algunas personas, del mismo modo que en España hay gente que da de comer a las palomas o a los gatos.

El clima aquí, hasta ahora es seco. Según dicen, en Santiago a penas llueve. Durante el día, si está despejado hace calor, y el sol quema más que en España debido a que en esta latitud la capa de ozono es más delgada. Sin embargo, en cuanto se nubla o se pone el sol, la temperatura baja bastante, y hace frío.



Al fondo la torre Costanera. La más alta de Sudamérica.

 

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