Camino
de nuevo hacia el cerro de San Cristóbal, pero no con la intención de subir
otra vez sino para dar una vuelta por un barrio de casas bajas que se ubica a
los pies del monte, y visitar un parque que se extiende a ambas orillas del río
Mapocho. Las casas bajas resultan poco interesantes. En cambio me llama la
atención que la gran mayoría está protegida por alambres de espinos, algunas
incluso con valla electrificada y
cámaras de video vigilancia. Vuelvo sobre mis pasos para dirigirme hacia el
parque pero tampoco me resulta agradable ya que a pesar de ser muy alargado, no
es demasiado ancho y por ambos costados del mismo circulan coches por calzadas
de tres o cuatro carriles, y el humo y el ruido que éstos desprenden resultan
bastante molestos.
Ante
este panorama decido caminar hacia la torre Costanera. Parece bastante lejana
así que cuando me canse daré media vuelta y volveré a casa, pero para mi
sorpresa me planto ante ella tras algo menos de media hora de paseo. Al llegar
me doy cuenta de que aun no está terminada. Su exterior si parece estar
concluido pues se encuentra totalmente acristalado pero siguen trabajando en su
interior. En su planta baja hay algunas fotos de su construcción y por lo que
se ve su estructura es de hormigón armado. Me pregunto cómo es posible que no
se rompieran los cristales de la torre con el temblor que ocurrió hace poco. Si
mi edificio que tiene nueve plantas se meció como una hamaca ¿cuánto oscilaría
aquella mole? Al acercarme a uno de ellos observo que está sujeto por un marco
de material plástico de dos o tres centímetros de espesor que a buen seguro absorberán
los posibles movimientos que puedan producirse.
Anexo
al rascacielos hay otro edificio en cuyo interior han construido un supercentro
comercial en el que el grupo inditex tiene una presencia más que notable. Creo
que todas las tiendas del grupo están allí. Tal vez, las obras del interior
estén siendo financiadas con el dinero que se obtiene de los alquileres de los
comercios. Con la sagrada familia de Barcelona ocurre algo similar puesto que
para acceder hay que pagar una entrada que te permite visitar una obra
inconclusa, y la recaudación obtenida es destinada a sufragar los gatos de su
construcción.
La
torre costanera es, con 300 m .
de altura, el rascacielos más alto de Suramérica. Me dijeron que el tipo que la
diseño es un argentino y que también diseño las torres Petronas. Después de un
poquito de investigación en Wikipedia descubro que también diseñó una de las
cuatro torres de Florentino en Madrid, e incluso dirigió las obras de la torre
Iberdrola en Bilbao.
En
mi humilde opinión, este tipo de construcciones que pretenden ser icónicas para
los lugares en que se construyen, no son más que grandes monumentos a la
estupidez humana para mayor gloria de políticos, constructores y arquitectos; ya
que cuesta mucho dinero, tiempo y esfuerzo el construirlas, y el resultado
puede ser más o menos gracioso pero generará siempre un desequilibrio en aquellos
lugares en que se ubican a no ser que se encuentren rodeados por otros muchos
rascacielos de su mismo porte y los servicios y equipamientos de la zona estén
preparados para absorber la demanda de tan alta densidad de población, además
de producir un impacto visual tan indudable como innecesario a mi juicio.
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