Domingo por la mañana. Me aburro,
así que pienso en salir con mi perro para que me pasee por algún parque cercano
donde pueda soltarle la correa para que el animal disfrute de unos momentos de
libertad. Busco en googlemaps y uno de los que aparecen más cercanos a mi ubicación es el llamado Parque Bicentenario de
Cerrillos.
Al parecer se trata en un antiguo
aeródromo en cuyos terrenos se ha proyectado la construcción de una micro
ciudad. Unas 1.500 viviendas con sus correspondientes servicios, incluyendo
colegios, zonas verdes y recreativas, supermercados, museos, comisaría de
carabineros, y hasta una estación de metro. Toda una idea. De momento solo está
construido el parque.
Llego al lugar y por lo que veo
aún se conserva el edificio del aeródromo con su torre de control incluida. Me
acerco a un mapa del parque en el que se observa una superficie muy alargada
con una laguna artificial en uno de sus extremos. Decido emprender camino hacia
ella.
| Edificio del antiguo aeródromo. |
Inicio la marcha y mi perro a
correr de un lado para otro como loco. Parece no creer que tenga un espacio tan
amplio para derrochar toda su energía perruna. Durante el paseo se cruza con
otros canes, se olfatean el trasero, las orejas, sus pitos, juegan, corretean… A
diferencia de su dueño parece encantarle la compañía de los de su especie. El
chucho está disfrutando como nunca.
Estamos a principios de enero y
el sol aprieta. Ya llevamos un buen rato andando y aún no he llegado a la laguna, ni si quiera
alcanzo a verla, por lo que calculo que el parque debe tener más de un
kilómetro de largo. Empiezo a tener sed, pero no he visto una fuente por
ninguna parte. Llego a un punto en el que hay mesas y bancos dispuestos bajo la
sombra de algunos árboles donde la gente puede comer o simplemente sentarse a
hablar o jugar a las cartas. Aprovecho para detenerme a descansar un poco. Mi
perro se echa en el suelo a mis pies. Prendo un cigarro. Voy dándole chupadas. Mientras,
el chucho se va chupando la chorra. Quién fuera perro.
Reemprendo la marcha y al poco
rato empiezo a escuchar una música ratonera bastante desagradable. Me molestan
sobremanera aquellas personas que piensan que los que les rodean tienen que
compartir sus gustos musicales. Especialmente aquellas cuyas preferencias no
coinciden con las mías, por supuesto.
Unos minutos más tarde, en la
lejanía, puedo divisar a un grupo de gente haciendo algo parecido a zumba.
Parecen malos imitadores de los zombis del video “Thriller” de Michael Jackson.
Justo detrás de ellos, al fin, la laguna. Dudo si acercarme más o no. Partí con
la idea de llegar hasta ella, pero creo que si me acerco más mis tímpanos
podrían sufrir algún daño irreparable. La música es atroz y está a un volumen
considerable. ¿Por qué en lugar de zumba no hacen acquagym dentro de la laguna y
de paso se ahogan? Me da rabia, pero finalmente me bato en retirada. Intentaré
llegar a la meta en mi próxima visita.