sábado, 7 de septiembre de 2019

EMPANADAS TINITA

 

Este sábado no tengo vis a vis, así que decido ir al mercado de Providencia a comer las empanadas que a mi juicio son las mejores de Santiago. Las de Tinita. No son pocas las amasanderías que o bien se autoproclaman como las mejores de Santiago o bien han sido galardonadas con este título por algún medio de comunicación o concurso. Sin embargo, ninguna de ellas creo que se acerque a las que despachan este local. Uno de sus secretos es sin dudas servirlas poco tiempo después de haber salido del horno. El otro, la masa. Nada del habitual mazacote de harina que se suele encontrar en la mayoría de sitios. Aquí, una masa fina y suave.

 

Salgo de mi cueva y camino hasta la estación Monte Tabor por las poco transitadas calles de Maipú. En el solitario andén, esperando el tren hay un tipo con auriculares rojos y chándal blanco que baila como si estuviera en una discoteca a las 3 de la mañana. ¡Qué arte quillo!

 

El viaje no es breve así que llego bastante hambriento y con unas ganas terribles de mear. En el mercado no hay baño para el público, así que, aprovechando que está en el mismo edificio, entro en la biblioteca municipal a aliviarme. La cultura general siempre ayuda en la vida.

 

Tras proceder, salgo del cementerio de los libros, y doblo la esquina para entrar al mercado. La oferta de empanadas es amplia: pino, queso, jamón-queso, mariscos, verduras, pollo, champiñón con queso. Creo haberlas probado todas, y sin dudas mi favorita es la última de las citadas, así que pido una de estas, otra de verduras (por lo de guardar la línea) y una lata de refresco. No venden cerveza. Retiro mi encargo y me siento en una de las mesas disponibles a disfrutar mi comida mientras veo pasar a los visitantes del mercado y observo la pescadería anexa: las gloriosas almejas chilenas están al doble del precio al que yo se las compro a mi amiga Anita en la feria de mi barrio.

 

Decido reservar a mi favorita para el final así que empiezo por la de verduras. Está exquisita. ¿Cómo harán para conseguir que algo verde sea tan sabroso? A parte de las acelgas y huevo cocido, no logro identificar ningún otro de los ingredientes, aun que pareciera que además de verduras contiene algo parecido a una bechamel. Lleve lo que lleve es deliciosa.

 

Antes de empezar con la segunda, una de las palomas que andan rondando las mesas picoteando los restos de la masa de las empanadas, se sube a mi mesa y mirándome fijamente a los ojos me dice -¿conoces algún remedio para las hemorroides amigo? Tengo una que está acabando con mi vida-. Doy un salto hacia atrás en mi silla y todos los bellos de mi cuerpo se ponen de punta. Miro a mi alrededor, tratando de averiguar si alguien más ha oído hablar al pajarraco. Nadie parece haberse percatado. Una paloma ha hablado pero el mundo sigue igual. Juro que no era un loro.

 

No sin miedo, trago saliva y devuelvo mi vista hacia la mesa. La paloma sigue allí, esperando una respuesta. –Otro humano poco elocuente - dice, y sale volando.

 

Respiro aliviado. Vuelvo a mirar a mi alrededor. La vida sigue.   

 

Doy un trago a mi Canada Dry y respiro hondo. Me dispongo a disfrutar de la segunda empanada. Lo que hace a ésta extremadamente superior a la de otros zucuchos santiaguinos, es que está hecha con champiñones frescos. Nada de champiñones de lata que saben más a agua de espárragos que a champiñón. Es una maravilla. Podría comerme tres o cuatro.

 

Con la panza llena y el corazón contento salgo a la calle. Hace un día espléndido y apetece pasear por las agradables calles de Providencia en fin de semana. Me coloco los auriculares en los oídos e inicio la reproducción de mis grandes éxitos de Primal Scream. Caminaré un buen rato hasta que vuelva a enterrarme en una estación de metro de regreso a mi casa.

No hay comentarios:

Publicar un comentario