domingo, 10 de agosto de 2014

Cosas que me gustan de Chile.

Tengo un compañero de trabajo al cual no soporto, pero que ha añadido a mis archivos una expresión que me ha cautivado. El tipo en cuestión me recuerda enormemente a Luis José de Leguineche, personaje interpretado genialmente por José Luís López Vázquez en la trilogía “Patrimonio Nacional” del maestro Berlanga. Vive en casa de su suegra, la cual al parecer no deja de joderle, cosa que me resulta perfectamente razonable conociendo al yerno. El caso es que en cierta ocasión en que nos relataba la enésima vez en que su suegra le estaba tocando las narices, mi compañero, nos dijo que le soltó: -¡Señora por favor, tóqueme los cojones si quiere, pero al menos no me cuente las arrugas!-. Mágico.

La basura se tira por una trampilla. Tal cual lo veíamos en “Friends” o en muchas otras series y películas. En mi bloque e imagino que en todos los bloques de la zona, hay un cuartucho en cada planta que tiene una de estás maravillosas trampillas. Solo hay que abrirla y dejar caer la bolsa. Más tarde, supongo que el portero de la finca se encarga de sacarlas todas para que se las lleve el camión de la basura. No se pueden tirar cristales, ni objetos que puedan causar cortes a las personas que van a manejar las bolsas, y si quieres reciclar, tienes que dejar los residuos en el cuartucho separados en los tipos habituales (papel, cartón; plásticos, envases etc…). Diariamente pasa alguno de los porteros recogelos.

En el supermercado en el que suelo hacer la compra venden botes de castañas en almíbar. Tenían buena pinta así que un día compré uno. Estaban buenísimas, y más aún si las troceas un poco con el tenedor y las comes con helado de Vainilla. Loco de contento  me apresuré a contárselo a una amiga por guasap. ¡¡¡¡Mmmm, me encantan las castañas en almíbar!!!!- Contestó. ¿Cómo que te encantan las castañas en almíbar?  ¡En España no las hay! - Inquirí. Me las pusieron en un restaurante en León. – Sentenció. Y yo pensando que había descubierto América.

Cerca de la oficina en la que trabajo hay una amasandería en la que elaboran empanadas, sopaipillas, galletas, medialunas, calzones rotos, cruasanes, facturitas, y algunas cosas más. Éste es de los pocos lugares en la ciudad que abre temprano así que a menudo cuando llego al trabajo lo primero que hago es bajar a este sitio y pedir un café vainilla. El dependiente se acerca a una máquina coloca un vaso de cartón en un sitio estratégico y un minuto después me trae el delicioso café. Creo que no es más que batido de vainilla con café, pero que se le va a hacer, la vainilla me pierde.

Odio la lluvia y aquí no cayó una sola gota en los tres  primeros meses. En los tres siguientes llovió dos días. Ahora en invierno ha llovido con un poco más de regularidad, pero estoy feliz con el seco clima de Santiago. A pesar de la escasez de precipitaciones, la ciudad nunca se ve falta de suministro gracias a la cercanía de los Andes, cuyas cumbres, no se libran de la nieve en todo el año. Desgraciadamente, la gran mayoría de las calles de Santiago no tienen sistema de recogida de aguas lluvia por lo que las calles se inundan en cuanto el agua cae con cierta intensidad.

El pavo pimentón es jamón de pavo cocido, con vetas de pimentón. Tan sencillo como eso, pero está riquísimo. Me suelo hacer sándwiches con queso y unas lonchas de este pavo, calentándolos en la sartén. A veces también se lo añado a la ensalada.

El mango. Ya lo conocía, pero supongo que no la había comido nunca en su punto de maduración. El caso es que es una fruta que tiene un buen bocado. A veces me he comido dos mangos y con eso ya he cenado. Otras veces lo he cortado en pedazos y mezclado con yogurt. Deliciosos de cualquier manera.

Las latas de cerveza son de 350 ml. En el Reino Unido lo más frecuente es servir la cerveza en pintas, que es poco más de medio litro. Cuanto más mejor, pensaréis algunos. Yo a la pinta la veo un inconveniente y es que normalmente cuando voy a beber el último tercio, la cerveza ya está caliente; por lo cual prefiero la medida española de 33 cl. El tercio de litro ha sido perfeccionado por los chilenos añadiéndole un poquito más de cerveza. Para que no se te caliente antes de haber terminado de bebértela tan solo tienes que meterla unos minutos en el congelador antes de consumirla.

El culo, o poto como dicen aquí, de las chilenas. Es ésta, una parte de la anatomía femenina que recibe gran atención de propios y extraños, y tengo que decir que las chilenas están dotadas de  unos panderos de los más bonitos, respingones, y graciosos.

Como podéis ver, casi todas las cosas de las que hablo son alimentos o se pueden beber, o incluso mordisquear. Supongo que es gracias a todos estos descubrimientos por lo que ahora no necesito utilizar el cinturón que sí necesitaba cuando llegué a este país.

Espero con el tiempo seguir ampliando esta lista.

Paz.

2 comentarios:

  1. Uy uy qué cositas!!!....yo me quedo con las castañas helado vainilla y el mango: qué ricos!!!

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  2. Espero que solo siga aunmentando la lista y no tu poto :P
    (Leyre)
    Paz y amor.

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